Testimonio – “Yo volví a la escuela”

“Yo volví a la escuela”.
Desde los 8 años Mayra, supo que no volvería ir a la escuela. “Tenía que ir a vender pan a las comu­nidades para poder a poyar a la comida de mi familia”

Lo supo desde el fondo de su corazón infan­til, ya no podría jugar y com­par­tir con sus com­pañer­i­tos de escuela. Cada día, salía a tra­ba­jar, dejando su uni­forme azul y blanco guin­dado en clavo sarroso.

Mi Mamá no sabe leer, es ama de casa y no ten­emos el apoyo de nadie para salir adelante”

Mayra cuenta que tiene cinco her­manos, dice que los dos pequeños no van a la escuela, sus her­manas may­ores tra­ba­jan de domes­ti­cas, dejaron la escuela en sexto grado.

Mi esposo es agricul­tor” dice doña Felipa madre de Mayra. Hemos luchado porque no ten­emos tierra para cul­ti­var los gra­nos bási­cos, pero hay veces alquil­amos tierra a nue­stros veci­nos, aunque mi esposo tra­baja de peón.”

Los veci­nos decían que Mayra iba todos los días a vender pan a una señora, solo le pagaba ochenta cór­dobas al mes y algu­nas regalías. Tenía que car­gar una canasta llena de pan, hay veces cam­ina­ban hasta cinco kilómet­ros para poder vender todas la piezas de pan.

El tra­bajo infan­til que real­iza Mayra es de alto riesgo. Un día cam­i­nando por los caminos de la comu­nidad, los bor­ra­chos la acos­a­ban sex­ual­mente tuvo que cor­rer y asi­s­tirse en algu­nas casas de la vecin­dad. En efecto el tra­bajo que real­iza ahonda inclusión esco­lar, su par­tic­i­pación en espa­cios recre­ativos, por su edad afecta ya que la jor­nada lab­o­ral va de las 7 a las 8 horas en el día.

«Ese día com­prendí que ya no debía man­dar mas, mi hija a tra­ba­jar y me dijeron que había un proyecto de pro­tec­ción a la niñez y la ado­les­cen­cia donde podíamos con­seguir ayuda. No podía cam­biar mi pobreza, pero mi hija regre­saría a la escuela, mucho mejor. Fue un día que cam­bió la vida de mi hija,», Dice doña Felipa la madre de Mayra.

Me ben­e­fi­ci­ado enorme­mente de la expe­ri­en­cia y la aten­ción del Proyecto Zonas libres de tra­bajo infan­til”[1], dice; Mayra. Se ha inte­grado a la selec­ción femenina de fut­bol de la comu­nidad como defensa cen­tral, la mejor de la liga de fut­bol “Meta­mos un gol al tra­bajo infan­til” orga­ni­zado por las comu­nidades y apoyo del proyecto.

Y, tam­bién está integrada como instruc­tora de danza en un grupo de interés[2], pro­te­giendo un grupo de niñas y adolescentes.

Por ejem­plo, les mue­stro cómo bailar la danza Nicaragüense, los pasos y la core­ografía. La repeti­ción es muy impor­tante. Tam­bién les ayudo con ejer­ci­cios físi­cos que ayu­dan a mejo­rar su con­trol de la pelota de futbol.”

Mayra dis­fruta colab­o­rar en los gru­pos de interés “ter­apia de danza” donde los niñas y ado­les­centes par­tic­i­pan , danza , social­izan , inter­cam­bian ‚ mien­tras ella ori­enta . Su tra­bajo de colab­o­ración gen­era con­fi­anza en las de mas niñas, lo que hace la activi­dad se vuelva una edu­cación de niña a niña. Mayra recibí una beca esco­lar que le ayuda a proveerse de todo el mate­r­ial de estu­dio que necesita.

Desde entonces, cada mañana, Mayra ya no tra­baja, cruza el Rio a un kilómetro, por los caminos en las malezas para ir a la escuela, ahora con 16 años de edad, mien­tras su Mamá y Papá tra­ba­jan. “Lo que real­mente me gus­taría que mi hija ter­mi­nara su sexto grado y se vaya a estu­diar la secun­daria y no se case tem­prano», dice doña Felipa.

 


[1]Finan­ciado por KINDERPOSTZEGELS-​Holanda.

[2]Son espa­cios de de ter­apia par­tic­i­pa­tiva según el interés de cada niño y niña, puede ser danza , música , dibujo , deporte , man­u­al­i­dades , cerámica , teatro.

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